Querida China

 

 

Aventurarse en lugares sin cartografía, con huellas inciertas, con la incertidumbre del no saber qué va una a encontrar es condición de las mujeres exploradoras, introspectivas, que no se conforman con lo obvio.

Esa eres tú, China, capaz de no dejarte seducir por las apariencias y en búsqueda permanente de las razones, tus razones, y del porqué de lo que sientes.

Y el paisaje fascinante en el que se lleva a cabo tu búsqueda, además de tu propio cuerpo, resulta ser un bosque profundo al borde de un acantilado rojo, a veces inquietante, a veces cierto, siempre un personaje más del drama.

Me ha conmovido tu aventura entre dos planos de la realidad : el presente y la memoria. Me ha atrapado y ardo en deseos de tocar ese libro y de escuchar de tu boca y de la de Isabel lo que tengáis que contarnos.

Como te habrás imaginado amiga mía, Isabel me dejó leer el último borrador de la novela.

Te regalo una última imagen, la de un lobo, animal fabuloso que está en peligro por culpa de la ignorancia, la incomprensión y el odio.

Te abraza

Julia

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