La herencia, el impuesto de sucesiones y otra vida.

Un anuncio revelador

El  nuevo gobierno andaluz, formado por las tres fuerzas españolas más conservadoras, ha anunciado la eliminación del impuesto de sucesiones como una de las primeras medidas de su mandato, algo que se me antoja todo un símbolo y que me recuerda  un mensaje de Facebook que leí recientemente y que no pude evitar comentar:

-“¡Por la desaparición inmediata del impuesto de sucesiones!- decía el mensaje-, nuestros padres y abuelos ya pagaron sus impuestos. Ya está bien de la sangría impositiva del Estado”

-“Tú lo has dicho -repuse- , ellos pagaron los impuestos porque ellos se habían ganado esos bienes que pretendes heredar. Tú no te los has ganado, así que sobra la indignación con que reclamas el derecho automático sobre unos bienes que no son fruto de tu esfuerzo”.

La cuestionable legitimidad “natural” de la herencia

Siempre me ha llamado la atención la incomodidad y el nerviosismo  que genera el cuestionamiento de la legitimidad “natural” de la herencia y no tanto, obviamente, en círculos acomodados, sino sobre todo entre familias modestas e incluso en  entornos progresistas.

Y es que la herencia está grabada a sangre y fuego en las raíces mas profundas de nuestra cultura y ponerla en cuestión funciona como un misil  a la línea de flotación del sistema.

Porque la  herencia es uno de los puntales fundamentales del binomio patriarcado-capitalismo, como lo fue en sistemas económicos anteriores, ya que la transmisión de bienes de padres a  hijos a través de la familia individual monogámica se remonta a mucho más atrás, probablemente a la aparición de la agricultura y la posesión de enseres domésticos y de cultivo. En ese esquema, el sometimiento de la mujer a la monogamia, con todo lo que conlleva, aseguraba  la “legitimidad” de la progenie masculina destinada a heredar los enseres familiares y, por tanto, a la preponderancia absoluta de los hombres.

La herencia transmite la riqueza, pero también la pobreza

Pero sin irnos tan lejos, lo cierto es  que hoy por hoy  podemos afirmar  que la herencia asegura tanto la transmisión de la riqueza de padres a hijos (familiar y de medios de producción)  como la de la pobreza, tal como explica el  revelador informe de Cáritas publicado ayer mismo bajo el título:  La pobreza se hereda.

Ambas cosas son esenciales en el capitalismo.

Incompatible con la igualdad de oportunidades, pero también con la vida en el Planeta

Por eso me atrevo a asegurar que  la herencia es el enemigo principal del principio ético de igualdad de oportunidades adoptado por muchas sociedades avanzadas.

Pero resulta que también  es enemiga del Planeta ya que está en el corazón de la avaricia que justifica el crecimiento ilimitado de las empresas y  corporaciones financieras que alimentan la especulación enloquecida y conduce a la generación de residuos sin freno, al agotamiento de recursos, a  la generación masiva de emisiones de efecto invernadero, a la deforestación salvaje, a la contaminación química,… que conduce, en fin, a poner en peligro la vida en el Planeta.

La herencia es insostenible

Por eso me atrevo  a segurar que la herencia es insostenible y que su eliminación será  inevitable si queremos tener sociedades justas, a la vez que salvamos el Planeta.  Y cuando imagino qué pasaría si esto ocurriera, no consigo ver  los motivos de alarma que genera entre los distintos grupos sociales.

 Otra vida es posible.

-Abolida la herencia, la gente podría disfrutar  de todos los bienes que fuera  capaz de conseguir durante su vida ( si es que es eso lo que desea),  pero no tendría sentido que se dedicara a acumular riqueza  indefinidamente.

-Los bienes particulares, junto con los medios de producción, al no ser heredables, pasarían a ser propiedad común y podrían utilizarse para equilibrar el mercado, asegurar la igualdad y una vida digna para todos (¿y por qué no a proporcionar una renta básica universal?)

-Los hijos de los ricos sabrían que solo podrán contar  con el fruto de sus logros personales, al igual que los hijos de los más desfavorecidos, que podrían confiar en el poder de sus méritos.

-Las empresas, muchas de titularidad pública, se verían liberadas de la pulsión al crecimiento ilimitado, dado lo dañino de   semejante pulsión.

-El Planeta recobraría poco a poco la sostenibilidad alterada por la acción del capitalismo, así como entornos saludables para la vida humana.

-Todo se adaptaría a una nueva forma de entender la vida, generando un nuevo sistema, más justo y sostenible.

-Ah!, y la familia individual monogámica, basada en elementos coercitivos de diversa índole, se relajaría un poco creándose espacios para otras formas de relación amorosa y familiar.

 

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