Querido diario, la activista está de vacaciones.

Estoy lejos de casa, ¡qué gusto!. El tiempo se detiene y lo cotidiano, también. Paseo por el campo , leo sonseras, converso naderías y me relajo.

No sin cierta culpabilidad, he de decir. Porque esta educación para el hacer me impele a llenar el tiempo con cosas útiles y hermosas, justas y solidarias, sesudas y arriesgadas. Y el dolce far niente se me asemeja una suerte de traición a la causa.

Pero me voy a empeñar en holgar como si quisiera dejar de fumar. Nada de redes,nada de tesis, nada de discusiones, nada de angustias. Ahora que la jornada de reflexión se me ha solucionado con el último pacto de izquierdas, me voy a dedicar a la frivolité.

Por cierto, estupenda la exposición de Toulouse Lautrec y el espacio de Montmartre. Alucinante lo actual que resulta y, como comentaba con una amiga, lo progresistas y rompedores que eran las gentes del novecento. No como ahora que estamos a la defensiva, también en los temas culturales.

Bueno, empieza a llover. Lo siento por los meapilas.

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