Yo también he visto Juego de Tronos

Una lamentable historia de amor

Pues sí. Yo también he seguido el final de juego de tronos y también me he sentido decepcionada…aunque añado que también he disfrutado.

Me he sentido decepcionada porque, claro, hubiera deseado  que una mujer como Daenerys saliera victoriosa y que, por otro lado, también saliera victorioso el sueño emancipador por el que luchó durante las pasadas temporadas. Es decir, que me hubiera gustado que consiguiera liberar a los esclavos de todo el mundo  y que lo hiciera desde una posición bondadosa.

Ja, ja… ríen algunos, ¡esto es entretenimiento y no un panfleto buenista!

Bien, vale; pero si a eso vamos, los propios  entretenidos tampoco han quedado muy satisfechos con el final que digamos.

También me dicen que mis deseos para el final de esta historia  no son realistas. Y no sé si lo dicen porque no parece realista que una mujer pueda ser poderosa y conseguir un  triunfo definitivo (y no sólo en algunas batallas puntuales), que no es realista liberar a los esclavos (léase pobres y similares) o que tampoco lo es que se haga desde una posición honesta (léase sin dejarse llevar por el deseo de  riqueza y de poder, por el placer de la venganza o simple megalomanía).

Pero, caramba, tampoco es realista la existencia de dragones.

Y no es que yo quisiera que todos mis deseos se hicieran realidad en esta ficción concreta. Pero, hombre, ¿no podía ser alguno de ellos?

¿Y qué decir del amor? Vaya porquería de historia de amor, con un Jon Nieve  que va de bueno, pero es incapaz de mantener la boca cerrada para demostrar a su amada que, de verdad, no está interesado en su trono.

Un pusilánime más, al fin y al cabo. Un sí pero no, un no me comprometo del todo, un ni siquiera lo intento, un me dejo halagar tontamente por los méritos que le corresponden a mi amada como si no tuviera importancia…

Porque en lo que a  historias de amor se refiere  solo resulta conmovedora la del atormentado Matarreyes.

Debe ser que las historias de amor tampoco son realistas. Y debe ser que tampoco lo es que un hombre con posibilidades de tener el poder lo ceda sin más  a una mujer, aunque ni siquiera desee ese poder  y aunque la mujer sea su propia novia (¿o será por serlo?)

Pero bueno, al fin y al cabo esto es ficción y como tal, caprichosa. O mejor dicho, sometida al capricho de los guionistas (¿hombres, no?)

Y ya sé que la buena ficción no se somete fácilmente  a los deseos explícitos de sus autores o autoras. Que se debe a la trayectoria  de los personajes y que es necesario sembrar adecuadamente el relato para conseguir un final parecido al deseado.

Por eso resulta inexplicable que en el episodio 8.4 la pobre Madre de dragones empiece a volverse loca y, apoyándose en  la traición que provoca la indiscreción de su amado ( y un par de antecedentes de temporadas remotas)  los guionistas la hagan salir por peteneras para provocar  un final realista.

Tan realista como que ella se convierte en una especie de Stalin que habla de liberar al pueblo mientras masacra al pueblo; que, en nombre del futuro, mete en el saco del pasado a sus enemigos para poder decidir quién vive y quién muere. Y de ese modo, la rueda que hay que romper para que deje de reproducir el injusto pasado se convierte en una simple  excusa para la crueldad y el afán de dominio propio  de los absolutismos…

Rescatados los Siete  Reinos de la incipiente  dictadura  de Daenerys, lo que queda es un Consejo que descarta los derechos del pueblo y limita los de sucesión del nuevo rey lisiado para afianzar el poder de los reyezuelos locales, en una jugada típicamente retrógrada.

También parece bastante retrógrado  lo de hacer coincidir en el nuevo rey los poderes temporales con los espirituales ya que, además de decidir sobre los asuntos más pedestres del reino, es depositario  de la magia y el simbolismo que le otorga el estar en posesión, nada menos, que de la memoria humana, ese valioso patrimonio espiritual que los muertos debían  destruir para triunfar definitivamente sobre los vivos.

No sé, no sé. Mucho sesgo retrógrado junto.

Pero  sí, también he disfrutado, ¡qué le voy a hacer!

Me han gustado, como a todos,  las parrafadas de Tyrion Lannister convirtiéndose en el vehículo de pensamientos mucho más de ahora, como el  reconocimiento final de la necesidad humana de construir relatos o haciendo notar el valor casi mágico  de la memoria, esa memoria que nos explica y nos define individual y colectivamente.

Y también he disfrutado con los destellos de humanidad en estado puro  expresada en las encrucijadas de algunos  personajes que,  a veces de forma brillante, se han convertido en espejos en los que los espectadores y espectadoras  hemos podido mirarnos  a la vez que volábamos a lomos de la fantasía hacia territorios donde solo importa la emoción y el entretenimiento.

Y en Juego de tronos  ambos  estaban asegurados hasta convertirse en un fenómeno mundial.

Interesante… y sí, entretenido.

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