Querido diario, la activista y la esperanza.

La entrada en una nueva edad de la historia humana y en una nueva era de la historia del planeta ha dado en ser un estado de agitación permanente, acción-reacción constante, sinvivir de ideas y propuestas, perpetua revisión de todo lo aprendido; sin embargo, aquí estamos sin desmayo.

O casi, porque mientras escribía, se ha bloqueado el ordenador y he perdido la entrada. ¡Los balbuceos de la edad de la tecnología!

Lo que contaba, de una manera algo lírica y pomposa, era que los retos y desafíos derivados de tener conciencia a veces se convierten en una multitarea cuando pretendemos conjugar en un mismo espacio-tiempo la supervivencia, los cuidados, las luchas, la gestión de las emociones, las relaciones sociales y el placer.

Me conmueve el sufrimiento de los seres sintientes. Me preocupa el futuro del planeta. Me indigna la indiferencia ante la violencia y la muerte. No tolero la humillación, el abuso y la discriminación. Siento rabia ante la explotación, la pobreza y la codicia.

También necesito descansar y en los momentos de desánimo pongo mi esperanza en los miles de jóvenes, niños y niñas llenos de empatía y solidaridad; que quieren comunicarse y transmitirse afecto; que luchan desde donde están por mejorar esta única vida que tenemos y las vidas de quienes vendrán.

Los tenemos al lado, son legión y poseen una sabiduría nativa en el uso de herramientas tecnológicas. También tienen la frescura de enfrentarse a las batallas con el arrojo de quienes defienden lo justo.

Tenemos que apoyarlas, sostenerlas, empoderarlas…dejando a un lado nuestro cinismo de adultas de vuelta. No contagiemos impotencia, demos alas a sus sueños. Al fin y al cabo, el futuro es suyo.

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