Querido diario, la mirada hacia otro lado

(Piaget)

Una niña, en concreto “La orejona”, es víctima de bullying por parte de sus compañeros de colegio. El gran responsable, llamémosle X, es ese pequeño extrovertido que para reclamar la atención, llenar los vacíos que tiene en casa o por simple maldad (o por un poco de todo esto y de algunas cosas más) alcanza cierta satisfacción en lo creativo de su mote y en la persistencia de recordarlo constantemente. Sin embargo, una pieza sola no forma un conjunto. El coro de voces que jalea y da una palmada en la espalda de X también tiene su parte de culpabilidad. No termina aquí el reparto, ya que aquellos que participan de forma pasiva no están exentos, aunque ellos así lo crean, de responsabilidad.

En nuestra sociedad “la orejona”, al ser una menor, despertaría la pena y su situación conllevaría la reacción de la sociedad para denunciar y exigir un cambio. El bullying hace tiempo que recibió su etiqueta negativa. Los niños son seres que hay que proteger. Eso sí, solo hasta que se hagan mayores, en ese punto la película ya cambia.

Pongamos ahora que la niña, ya mujer, trabaja en una empresa en la que los roles del aula del colegio se replican. Pongamos que un compañero, llamémosle “Y”, decide emprender una cruzada contra ella. Puede ser inventando rumores sobre su vida personal, haciendo difícil su labor profesional, etiquetándola con sobrenombres que la asemejan con un animal. Puede ser que esa cruzada sea una forma a través de la cual “Y” se desahoga porque la mujer no le aceptó su invitación de ir al cine juntos, porque le sugirió algo respecto a su trabajo, o puede ser simplemente que “Y” necesite desahogar su toxicidad, espantar sus inseguridades u olvidar sus tensiones personales machacando a esa mujer.

Es bastante probable, de hecho, es seguro, que “Y” contará con un coro de palmeros que le rían sus gracias. También estará cubierto el cupo de personas que, aun cuando quizás no soporten a “Y”, miren a otro lado ya que con ellos no va la película y, si decidieran defender a la mujer quizás también serían atacados. Puede que para limpiar su conciencia se digan a si mismos que la mujer ya es mayorcita y que debería defenderse por sí misma.

Y esta última parte querido diario es la que más me deja pensando. ¿Por qué nos preocupa defender a la niña pero nos olvidamos cuando es mayor? El maltrato psicológico en el ámbito laboral es tan importante como en el educativo y en él los que miran para otro lado tienen casi tanta responsabilidad como “Y”.  

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