Virginia en su rincón. Por qué amo Londres a pesar del lado oscuro de los británicos. Part 1.

Me alojo en Londres en la plaza en la que tuvo Virginia Woolf su sexta y definitiva casa en la ciudad. En el barrio donde está el Museo Británico y por donde se movieron, vivieron y crearon personajes tales como el grupo de Bloomsbury o Charles Dickens.

En esta square, como en casi todas, hay un jardín en el centro. Unos son públicos y se cierran por la noche (para que no duerman en ellos las personas sin hogar) pero durante el día se puede disfrutar en un entorno bello y lleno de animalitos en sus bancos o en el césped. En los squares de las personas ricas (4 millones y medio de libras por una casita), los jardines son privados, para residentes.

Nuestro jardín, como la plaza se llama Tavistock. No es muy grande pero encierra tesoros dedicados a la memoria de quienes vivieron por aquí. No sólo estatuas sino bancos dedicados, árboles conmemorativos y una atmósfera de paz inigualable.

Uno de los memoriales es el busto de Virginia, otro, la estatua dedicada a la primera cirujana que ejerció en el Reino Unido y que se llamaba Isabel/Elizabeth. En el centro hay una estatua de Gandhi pero como era un racista y un poco pederasta no me paro mucho. Si me gusta el ginkho biloba dedicado a Leonard, el marido de Virginia.

Los parques de Londres son maravillosos, los grandes (algunos gigantes) y los pequeñitos como este. Puedes hacer pic-nic, pasear, tumbarte bajo un árbol, escuchar y observar a los cuervos y a las ardillas, mirar a los patitos y los cisnes o tomarte un café como en Russell Square antes de iniciar la jornada. En algunos, como Hampstead Heath hay piscinas naturales para bañarte.

Y son lugares para el recuerdo. Para recordar la cara amable de una megaciudad que protege sus rincones de reposo ferozmente. Y para rendir homenaje a quienes no están pero formaron parte de esta ciudad y de este país, incluso de este imperio en algún momento.

Por ejemplo en Parliament square hay estatuas de parlamentarios que fueron y entre ellos el de la mujer que hizo el primer discurso en la cámara. De ella y de otras hablaré otro día.

Londres entero es un memorial y les envidio por ello, porque no olvidan o, al menos, lo intentan. Igualito.

¡Pero si hasta tienen una estatua de Cromwell en las casas del Parlamento! Un señor que le cortó la cabeza al rey Carlos I y que estableció una breve república. Unos dicen que fue un visionario y otros que era un tarado fanático. Pero ahí está la estatua.

Repito: Igualito

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