Hace una semana eran 5 las mujeres asesinadas. Hoy ya son 7.

¿Para cuándo el pacto de Estado contra la violencia de género?

Esto escribí hace  tan solo una semana, cuando aún eran 5 las mujeres víctimas de violencia machista. Hoy sigue vigente…

“Termina el primer mes del año con 5 mujeres muertas a causa de la violencia machista.

¿Estamos condenados a repetir las cifras año tras año, o podemos hacer algo más?

Parece que a estas alturas estamos obligados  a  dar respuestas que se muestren eficaces a corto plazo, que ofrezcan alguna garantía a las mujeres que denuncian que podemos hacer algo por ellas. Por eso propongo fijarnos en el modo en que  el sistema se defendió de la violencia de ETA y, en concreto, tener en cuenta el modo en que se actuó para proteger a las personas amenazas de muerte por la banda terrorista.

Me refiero en concreto, a la protección persona a persona mediante la utilización de guardaespaldas.

 Amplio consenso político

 En la  reunión de Presidentes de CCAA celebrada este mismo mes se ha acordado tomar nuevas medidas  sobre violencia de género. También los partidos políticos declararon en diciembre que pretenden alcanzar  un pacto de Estado contra este tipo de  violencia.

Sin embargo, a pesar del amplio consenso, las muertes siguen sucediéndose sin piedad, sin piedad con las víctimas, sin dar tregua a  las estadísticas y sin servir de aliento al conjunto de  iniciativas bienintencionadas de los políticos, que siguen mostrándose ineficaces.

Ante esta situación es imposible no preguntarse  por qué son  ineficaces todas esas medidas y, sobre todo,  si habrá alguna que sea capaz de salvar las vidas de las mujeres que este año morirán inexorablemente a manos de sus parejas o ex parejas.

Para aportar un  enfoque nuevo,  propongo tratar de aprender algo  de un fenómeno que tiene algunas concomitancias con el que aquí tratamos. Me refiero a la  violencia del terrorismo etarra.

Lo que la violencia de género y el terrorismo etarra tienen en común.

Veamos algunos de los elementos que comparten estos dos tipos de violencia:

La utilización de la violencia en general y el asesinato en particular;  la imposición de voluntades mediante el miedo; el ataque a las víctimas por una razón específica; el encubrimiento del asesino  por parte de su  entorno familiar; cierto apoyo social en medios radicales frente al  acuerdo mayoritario en contra; la consideración de la Democracia misma de que ambos fenómenos atentan contra el propio sistema.

Por eso propongo que nos fijemos en las dos modalidades de lucha que se utilizaron contra la violencia  etarra, una era la llamada lucha política y otra, la policial.

El equivalente a la lucha política sería en el caso de esta otra lucha, el trabajo llevado a cabo en las escuelas, las campañas institucionales, las medidas contra la justificación  del machismo; en una palabra, la concienciación de la sociedad.

Sin embargo, estas son medidas que muestran sus efectos a medio y largo plazo.

Para encontrar soluciones en el corto plazo que es mucho más urgente no hay más remedio que fortalecer  la lucha  policial, lucha  que debe comprometerse con la protección de TODAS las personas directamente amenazadas.

Porque esa es la medida imprescindible: la protección específica a  cada una de las mujeres en peligro de morir a manos de sus parejas, al igual que se hizo contra ETA, protegiendo   a  todos  los representantes de ese sistema que por el hecho serlo, se habían convertido en objetivos directos o indirectos.

El pacto que se propone desde distintos sectores no debe traducirse en  grandes declaraciones, sino a la obtención de  fondos extraordinarios  destinados a la protección policial.

¿Pero consideramos la violencia contra las mujeres un ataque a nuestro propio sistema?

Así lo han declarado la mayoría de los partidos políticos, por eso deben actuar en consecuencia  y no firmar un pacto de Estado  vacío.

Seamos capaces  de ponernos de acuerdo para  invertir los recursos del Estado necesarios para acabar, de verdad, con este horror. Porque cualquier acuerdo que pretenda ser eficaz  debe contar con la memoria económica adecuada.

El pacto que se propone desde distintos sectores no debe traducirse en  grandes declaraciones sino en la obtención de  fondos extraordinarios  destinados a la protección policial que queden reflejados en los Presupuestos Generales del Estado.

Se trata de proteger a las mujeres en peligro de muerte. Que el número de estas  sea mayor que el de las personas directa o indirectamente amenazadas por ETA, no puede ser una razón para proceder con distinto  empeño.

Seamos consecuentes”.

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