Doña Emilia

A finales del siglo XIX, ser una mujer libre, intelectual y con un alto concepto de sí misma, era motivo de insultos: gorda, fea, puta; se dudaba de su sano juicio, se menospreciaban sus cualidades personales e intelectuales, y, a pesar de una extensa, moderna y variopinta obra, se le negaba un lugar en la Academia con la excusa de que no había recibido formación universitaria, cosa imposible de cumplir dado que las mujeres tenían prohibido ir a la Universidad.

Y frente a todo ello, Emilia Pardo Bazán no cejó en su empeño de tener voz, y voz propia en la sociedad y en la cultura. Fue novelista, ensayista, periodista, poeta, conferenciante, profesora….. Se gustaba a sí misma y defendía con ardor su derecho a ser reconocida como una de las figuras más importantes dentro del panorama intelectual español y acaso europeo. No lo consiguió en su momento, ninguneada por varones a quienes la Historia ha olvidado.

Abordó en su trabajo todo tipo de temas, algunos oscuros y duros como correspondía a su adscripción al Naturalismo literario. Reivindicó la educación plena para las mujeres en igualdad con los varones y denunció la violencia contra ellas por parte de un sistema atávico. Sin ella saberlo, e imagino que le hubiera encantado, se convirtió en un referente para las mujeres feministas que avanzado el primer tercio del siglo XX sí pudieron crear una red para la conquista del espacio público y la vindicación de nuestros derechos como ciudadanas.

En estos días se representa en Madrid una obra de teatro sobre ella y emociona ver a la actriz que da vida a Emilia poner en palabras su pensamiento y su carácter.

Un fragmento de un artículo suyo “La mujer española” publicado en la revista Blanco y Negro de 1907, da idea de cuán perspicaz era esta mujer monumental y de lo poco que han cambiado algunas, dolorosas, cosas en España.

“ Goza la mujer española de recia salud y larga vida, por término medio superior a la del varón; con todo, tiene y sufre una enfermedad más que él… No se trata de la maternidad, que no es enfermedad, sino función fisiológica. La enfermedad que arrebata a tantas españolas, es la navaja, esgrimida por celosas y brutales manos…Achaque nacional, signo de raza. “

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