Versalles. Unión Europea, ¿sí, no o cuarto y mitad?

Margrethe Vestager foto: NICK HANNES en http://www.elmundo.es/cronica/2016/09/04/57ca78aee2704e93618b462c.html
M. Vestager (N. Hannes-ElMundo)

Siento que sea lunes. Después de una semana “de cine”,  Anomalías se despacha, precisamente un lunes, con un tema tan árido como este. Y no me queda otro remedio que asumir mi responsabilidad. Asumo que como a mucha otra gente, lo de la UE me da mucha pereza, y más cuando compruebo  su irritante carácter conservador. De hecho, la sola imagen de Jean-Claude  Juncker (quien cuando era primer ministro de Luxemburgo  concedió beneficios fiscales a más de 300 empresas) presentando el libro blanco sobre el futuro de la Unión, me da vértigo, pero…

Pero a pesar de todo,  ahora más que nunca debemos hacernos esa pregunta crucial… y debemos hacerlo aunque sepamos que el o el no no va a depender de lo que nosotros digamos (nosotros, en este caso,  se refiere a  países como España, Portugal, Italia…) y que nuestra opinión solo tendrá un peso limitado en la decisión sobre el futuro de la Unión.

No estaría mal tener alguna  idea clara

Y digo que no estaría mal tener una idea clara, porque la UE es una construcción farragosa y burocrática sobre la que no es muy fácil tener claridad.

Siempre he pensado que  la Unión tiene tres  grandes problemas que no la hacen acreedora de las simpatías de la gente  ni tampoco de su interés. Me refiero a los problemas derivados de  una burocracia excesiva, una democracia deficiente y un distanciamiento de la ciudadanía.

De hecho, saber quién detenta el poder en Europa no es tarea fácil ya que  por un lado van sus instituciones (El Parlamento, la Comisión y el Consejo) y por otra, la Troika… o las posiciones  e intereses de los países con mayor peso específico. De este juego de poderes paralelo solo a veces tenemos constancia por  reuniones de  algunos  mandatarios que llegan a hacerse públicas, como es el caso de la que se celebra hoy en Versalles en la que España se ha colado de rondón.

 

Lo cierto es que esta dificultad para conocer  los hilos que mueven  la Unión Europea y su falta de transparencia solo  sirve para potenciar la demagogia nacionalista y alimentar  argumentos tramposos como el de la dicotomía que se traduce en algo tan simple como que los países que “más reciben” defienden con más ardor  la pertenencia a la Unión mientras que  los que “más aportan” tienen la permanente tentación de abandonarla.

Ante esta disyuntiva surgen preguntas tan obvias como obvio parece el problema: ¿En qué consiste exactamente lo que cada uno recibe o aporta a  la Unión?, ¿lo aportado y recibido se circunscribe al ámbito de las subvenciones y aportaciones económicas, como tanto se enfatizó en la campaña por el Brexit?, ¿cómo influye en el desarrollo económico global  de los países su pertenencia a la Unión más allá del balance de sus aportaciones?

Pero ni siquiera estas preguntas del ámbito exclusivamente económico  tienen fácil respuesta puesto que lo que se aporta y recibe está formado por demasiados “intangibles”. De hecho, según los expertos, debe pasar bastante tiempo hasta que se pueda evaluar lo que un país “aportador” neto como es el Reino Unido  ha ganado o perdido tras su salida de la Unión. Recordemos que los propios promotores del Brexit tuvieron que reconocer que habían mentido en la campaña al prometer inversiones  derivadas de la salida de UE  que no podrán realizar.

Los planteamientos economicistas, centrados casi siempre en las élites económicas de los estados, no permiten  progresar en planteamientos menos nacionalistas pero  mucho más importantes  para la ciudadanía.

Pero llegados a este punto  es necesario decir que todos estos planteamientos economicistas, centrados casi siempre en las élites económicas de los estados, no permiten  a la UE progresar adecuadamente en planteamientos menos nacionalistas pero  mucho más importantes  para la ciudadanía. Por eso es necesario reconocer  que la Europa de los Estados, nacionalista, poco democrática y neoliberal no es la misma que la Europa de los ciudadanos que merece la pena defender.

Por eso, para finalizar, quiero señalar aquí algunos elementos concretos que en España pueden servir para poner en valor  el trabajo de la  Unión  a favor de la gente  y, aunque suene paradójico, a favor de la democracia.   

En  favor de la ciudadanía

1.- Uno de esos elementos  es la  existencia  de tribunales de justicia europeos que, en virtud de su menor conexión con los poderes políticos locales, pueden garantizar mejor  la separación de poderes. Un tema especialmente candente en nuestro país tras el reparto entre PP y PSOE de los asientos del Tribunal Constitucional o el relevo de los fiscales llevada a cabo por  el Fiscal General del Estado para asegurarse afinidades al gobierno.

Por eso es reconfortante ver algunos ejemplos de cómo tribunales europeos dan la razón a los ciudadanos frente a los bancos. Me refiero a los más que sonados casos que afectan a los desahucios ,  las cláusulas suelo y la retroactividad de aplicación de las sentencias .

En estos casos, los tribunales europeos no parecen haberse dejado influir por las posiciones gubernamentales  de protección a ultranza  del  sector bancario español.

2.- La UE es también mucho más activa en la defensa medioambiental que los estados que la componen. Es capaz, además, de de imponer multas para la protección de la salud pública frente a la irresponsable aspiración de  lucro ciego de las empresas contaminantes. En este sentido, es fundamental que la aplicación de una norma comunitaria no esté sujeta a presiones privadas ni públicas, ni tampoco  a los intereses electorales de los partidos. Este puede ser el único camino para que muchos  ayuntamientos sean capaces de tomar medidas poco populares pero que sirvan para acabar con la contaminación  en  las grandes ciudades y defender así la calidad de vida de los ciudadanos.

3.- Por otro lado,  es posible que la UE pueda convertirse en el único instrumento capaz de plantar cara al fenómeno deslocalizador con el que las multinacionales han encontrado el modo de situarse  al margen de las leyes de los estados y de sus democracias… deslocalización que les permite  pagar impuestos ridículos a cambio de enormes beneficios, mantener controlados a los trabajadores del planeta y asegurarse decisivas ventajas competitivas.

Pues bien, como ha demostrado la multa impuesta a Apple por Margrethe Vestager, comisaria europea de la Competencia,  es posible tratar de frenar  las prácticas inmorales  de las grandes empresas. No en los  ámbitos en los que las competencias siguen siendo de los estados,  sino en los que las autoridades europeas tienen jurisdicción. En este caso, la defensa de la competencia está permitiendo poner en el punto de mira a empresas como Microsoft, Apple, Google, Amazon o la española  Inditex.

4.- Para terminar, citaré por reciente  un ejemplo mucho más insignificante pero que puede resultar paradigmático. Me refiero a la resolución europea hechapública la semana pasada que prohíbe la utilización de los teléfonos 902 en los servicios postventa. Una vez más  Europa falla a favor de los consumidores ignorados por los poderes locales (es decir, nacionales).

No sé si estos ejemplos permiten albergar cierta esperanza en las posibilidades de la Unión porque España es un país especialmente corrupto.

Pero no deja de ser cierto que para cualquier ciudadano o ciudadana  europea los nuevos modos de operar de los poderes fácticos a nivel mundial constituyen una amenaza al estado del bienestar.  También concierne a toda la ciudadanía de la Unión  la necesidad de combatir a nivel local las prácticas mafiosas y corruptas que proliferan allá donde hay un resquicio para ello (véase el caso Fillon en la desarrollada Francia) . Y qué decir de los discursos nacionalistas que tratan de explotar el miedo surgido tras la terrible crisis provocada por el capitalismo mundial…

Todo ello nos lleva a pensar que no  podemos luchar en solitario .

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