El sencillo amor

Hola Julia, he releído la carta que me hiciste llegar a través de Anomalías y hay de ella una cosa más que quiero añadir a mi anterior comentario.

Se trata de tu mención al amor romántico que en opinión de muchos y sobre todo de muchas, está haciendo un gran mal a muchas mujeres y especialmente  a muchas adolescentes.

Entiendo que las ideas preconcebidas sobre las pruebas que se exigen  los enamorados en la tradición romántica pueden ser muy dañinas. Me refiero a tópicos del tipo: amarse hasta ser uno (cuando los amantes son  al menos dos  y siempre  distintos); necesidad de compartirlo todo (cuando para crecer como persona, como individuo es necesario contar con un espacio propio); no tener  secretos (cuando tenerlos  forma parte de nuestra esencia de seres libres que, como tales, elegimos qué contar y a quién); entrega incondicional  al otro (¿no debería ser la entrega que cada momento requiera, teniendo en cuenta, por ejemplo, la reciprocidad?)

Lo malo es que si  el contexto en el que se desarrolla el amor es  el machismo, entonces sí, entonces el daño de todos esos tópicos  puede ser inmenso, especialmente para las chicas adolescentes que, llevadas  por la revolución hormonal, el deseo de ser amadas y la necesidad de formar parte del grupo tienden a aceptar los preceptos machistas propuestos por su pareja como preceptos amorosos.

También  las mujeres adultas se ven (nos vemos)  arrastradas por deseos perturbadores difíciles de controlar y pueden (podemos)  llegar  ser víctimas de una dependencia del objeto amado tanto o más fuerte que el que produce el consumo de cualquier droga. Pero también los hombres pueden  ser dañados, anulados o destruidos por un amor oscuro y exigente.

Por eso, en el amor, prefiero diferenciar simplemente el amor bueno  del mal amor. Porque creo que este poderoso sentimiento no tiene más que dos categorías y son las que nos hace mejores  o  nos reducen a perversos torturadores o dolientes torturados.

Porque, ¿y si el machismo no tuviera que ser siempre el  maldito horizonte de nuestras reflexiones?

¿Y si bucear en el sentimiento amoroso, romántico o no,  condujera a algún tipo de descubrimiento capaz de trascender el placer, el deseo, de trascender incluso la  paz que proporciona sentirse comprendido y amado?, ¿y si fuéramos capaces de imaginar  el amor como un sentimiento que incumbe a hombres y mujeres pero no solo a hombres con mujeres?

Personalmente creo que en el misterio de lo humano ( masculino, femenino o lo que sea )  el amor tiene un papel decisivo, un papel curativo, balsámico…y puede que redentor. Un papel capaz de hacernos creer incluso en el sentido de nuestras vidas.

Hay otros muchos  sentimientos y placeres  capaces de acercarnos a la esencia de lo que somos, como la amistad,  el conocimiento, la intensidad creadora, el hedonismo, el descubrimiento,  la contemplación de algún tipo de belleza de cánones compartidos o exclusivamente nuestros… pero es posible que el amor sea el nos que acerca a esa esencia de una manera total.¡Y algo extraordinario!, puede que de todas las maneras posibles de hacerlo sea una  de las más accesibles.

Por ello el amor es capaz de convertirse en  un camino sencillo a cuyos beneficios puede acceder cualquiera, sin necesidad de otros  requisitos como puedan ser  el refinamiento,  la formación o la cultura que tantas veces se erigen en  simples  barreras cargadas de elitismo.

A lo dicho hasta aquí quiero añadir que mi condición de periodista de sucesos me ha acercado al lado oscuro de los seres humanos lo que me ha permitido  intuir la condena que encierra cualquier asesinato, la muchas veces irremisible prisión interior en la que viven los malvados, la falta de esperanza de las víctimas, la soledad de los olvidados…y quizá por eso, me he interesado por saber si existe  una  posibilidad de salvación para cualquiera de ellos, de nostros.

Y  debo decir que no pocas veces he visto aparecer el amor como la tabla de salvación de los ahogados, la cura contra la ansiedad, la calma para la  inquietud, la verdad frente a la mentira, la esencia contra a la irrelevancia… lo he visto aparecer como esa felicidad que proporciona el brillo de la vida…

Por eso no es de extrañar que los místicos elijan el  lenguaje del amor y la metáfora del amado para acercarse a un Dios que probablemente no sea  más que una  excusa para escudriñar la esencia de lo que somos. No sé si el amor místico dista o no del amor romántico pero sé que ambos, si no son un fraude,  pueden acercarnos a lo que muchas veces nos empeñamos en buscar por otros derroteros.

Por todo ello, querida Julia, no quería dejar de comentarte que a pesar de lo que hablamos aquel verano, yo misma -experta en lejanías-, consigo a veces alejarme del mal amor (que como te decía más arriba no hay que confundir con el amor romántico) y emprender un camino luminoso, no siempre usual, que me acerca/aleja de esa deseada intensidad que requieren los sueños.

Para despedirme, te dedico este breve fragmento del Cántico Espirtual de San Juan de la Cruz, de gran belleza romántica:

Esposa


1. ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

2. Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

3. Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

Pregunta a las criaturas

4. ¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.

Respuesta de las criaturas

5. Mil gracias derramando
pasó por estos Sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

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