El runrún

Uno de los principales problemas que han causado las políticas neoliberales en Educación, y la LOMCE en particular, a la escuela pública, ha sido el desencuentro entre las familias y el profesorado.

Un profesorado que no ha podido, sabido o querido defenderse de lo que se le venía encima y unas familias que viven en la contradicción de querer para sus criaturas felicidad y éxito al mismo tiempo y no siempre en ese orden.

Por eso, se exige a las profesoras y profesores que sean amables, pacientes, respetuosos con el ritmo de aprendizaje de cada niña o niño, divertidos, creativos, ingeniosos y comprensivos. Que sepan mantener el orden, inculquen el esfuerzo, enseñen contenidos, hagan controles, enseñen orden, buena educación, temor a las notas, responsabilidad y primor en la realización de los trabajos. Que inculquen valores como compartir, respetar, cooperar….y que tengan cuidado de que nadie le toque las cosas a sus hijas e hijos, que si te pegan, pegues pero si no no pegues, que te distingas y saques ochos y nueves pero que no pasa nada. Un poquito contradictorio, ¿no?

Se somete al profesorado a un escrutinio diario en las puertas del colegio y con las preguntas a las criaturas cuando llegan a casa y si algo no concuerda con las opiniones formadas de antemano sobre cómo tiene que ser la profesora o profesor y cómo debe dar clase, se incendia el wasap de comentarios, juicios de valor y descalificaciones gratuitas, en vez de solicitar una tutoría para no hablar de boquilla. O se acude directamente a la dirección que, en el mejor de los casos les indicará el cauce correcto para las quejas y en el peor, y cada vez más frecuente, le contará a la profesora o profesor que hay quejas y que tiene que reflexionar sobre lo que está haciendo. Eso sí, las protestas son anónimas y la profesora y profesor tienen nombre y apellidos.

A las familias no les gustan los deberes o sí les gustan pero no, o sí pero no sé. Porque se empeñan en hacerlos con las niñas y niños en vez de dejarles que aprendan a ser responsables de sus obligaciones. Porque no soportan un negativo. Las familias, no las criaturas que encajan mucho mejor las calificaciones bajas que sus progenitores. Mal asunto, porque con la rigidez de horarios y los curricula inflados, si quieres dar el temario no tienes más remedio que mandar deberes. Esas famosas cinco horas que pasan en el cole se han convertido en fragmentos escasos de un tiempo que no da para respetar a las niñas y niños. Y esto pasa porque no son ellos y ellas quienes están en el centro del aprendizaje sino los mercados y sus necesidades.

Si queremos educar niñas y niños felices, asertivos, críticos, creativos, ciudadanos y ciudadanas de un futuro que no tenemos ni idea de cómo va a ser, debemos de tener claro que esto es incompatible con el estrés, la competitividad, la falta de responsabilidad, el poco compañerismo y el individualismo a ultranza. Así están las cosas.

Y mientras haya runrún no vamos a conseguir ponernos de acuerdo con serenidad.

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