Sobre ser o no de izquierdas 3

Leo con interés vuestras reflexiones , queridxs y me suscitan algunas preguntas y sus consiguientes respuestas circunstanciales. Y digo circunstanciales porque no son dogmáticas sino abiertas al contraste de opiniones.

P. ¿Ser de izquierdas tiene un punto de nostalgia de otros tiempos y las personas que nos reivindicamos como tales somos abuelxs cebolleta?

R. Si bien es cierto que el lema de la Revolución Francesa “Igualdad, fraternidad y Libertad” merece una revisión crítica a la luz de cómo lo entendió la burguesía y a qué perversiones dio lugar, sigo pensando que ser de izquierdas es luchar por estos principios que creo universales a los que añadiría Justicia. Yo sigo siendo marxista porque, más allá de la interpretación interesada y acrítica que hizo el socialismo real , sigue valiéndome para analizar la realidad. El marxismo ha evolucionado, gracias entre otras a las feministas, y no encuentro planteamiento que lo sustituya, de momento. Luego hablaré más de esto.

A todas las personas nos gusta contar batallas en las que fuimos o nos creímos héroxs. Pero ha sido duro mantenerse en la defensa de las personas oprimidas en todo tiempo y lugar. Y sigue siéndolo, porque ser de izquierdas también es eso, ponerte del lado de lxs nadies, de las personas que más sufren, buscar alternativas a la desigualdad, luchar contra la cultura del esfuerzo y la productividad, revisarlo todo todo el rato, no aceptar el recorte de derechos, sentirse deudorxs de una genealogía de luchadores y luchadoras por mejorar la vida en la tierra y acabar con los privilegios. Sí, creo en la lucha de clases.

P. ¿Ser de izquierdas e izquierdista es lo mismo?

R. No, el izquierdismo es dogmático y busca atajos. Ser de izquierdas es estar abiertx a la reflexión y tener altas dosis de sentido común. Recuerdo a Lenin : “El izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo”. El izquierdismo no analiza bien y por lo tanto actúa de manera impulsiva, sin estrategia. No estoy de acuerdo con caracterizar a coaliciones como Unidas Podemos de izquierdistas y hacer una caricatura de las tensiones y contradicciones que se dan en una mezcla tan conflictiva. Al fin y al cabo son la única formación que lucha por la unidad de la izquierda.

P. ¿Ser de izquierdas es viejuno?

R. Soy consciente de que insistir en las desigualdades sociales no tiene glamour. Siempre con lo mismo. Pero es que yo veo que no se solucionan sino que se agravan con el capitalismo depredador y financiero. La gente joven no es uniforme, ni está toda abducida por el pensamiento neoliberal. En los barrios existe unidad de acción entre jóvenes que se reivindican contra el sistema desde el anarquismo, el comunismo, el anticapitalismo, el feminismo, la ecología, o todo a la vez en una manera de actuar solidaria y ecléctica. Y analizan muy bien cuáles son los problemas reales de la gente. Que no es la patria.

P. ¿Pueden ser transversales las políticas sociales?

R. Yo creo que lo material, no. Puede haber políticas dirigidas a desmantelas el sistema cultural del neoliberalismo en el que se puedan encontrar sujetxs de distintas clases sociales. Y, de hecho, Alberto Garzón ha encontrado que el nicho de voto a la izquierda del PSOE está en gran medida en la clase media radicalizada.

P. ¿El movimiento obrero y el marxismo, han estado siempre al margen del feminismo?

R. Ha costado mucho hacer entender a los varones de izquierda que la lucha de las mujeres era tan estructural como la de clase. Socialistas ilustres como Kollontai, Zetkin y Luxemburgo se pelearon lo suyo con sus camaradas y ha sido el movimiento feminista quien las ha puesto en valor en este aspecto. Pero siempre ha habido una corriente socialista en el movimiento feminista y las marxistas radicales de la segunda ola, fueron decisivas en el análisis de que el trabajo doméstico generaba plusvalía y que la opresión de las mujeres era un tema estructural que permitía sostener el sistema y no una mera discriminación. Las feministas han formado parte del movimiento obrero y del marxismo, y siguen siéndolo. Hay un fuerte componente anticapitalista en el movimiento feminista pero no hay que olvidar que el patriarcado adopta la forma que históricamente le conviene. Por eso, las feministas, no estamos dispuestas a esperar, ni a postponer nuestra lucha. Es la misma.

Por último querría señalar que muchas veces las filosofías liberadoras de los movimientos sociales no son tampoco uniformes en sus planteamientos, que son plurales y a veces divergentes. Hay mucho que analizar ahí.

Y soy consciente de algo que padecemos las personas que luchamos por una sociedad más justa y menos autodestructiva y es que no siempre basta con tener razón. Ahí lo dejo.

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