El miedo y la furia

Miro una foto mía de hace treinta años. Luego, me miro en el espejo del baño. ¿Qué tienen en común? Me respondo: los ojos. Los ojos no han cambiado. Mi boca asiente, mis ojos desmienten lo que afirma mi boca. Tengo una boca asertiva y un ojos tristes y con miedo. Desde hace treinta años. Desde mucho antes.

Desde que recuerdo he convivido con el miedo. Miedo a defraudar, miedo a desear, miedo a no ser querida, miedo al fracaso. Desde que el mandato de género me empezó a apretar como un vaquero incómodo y decidí hacer lo contrario de lo que se me pedía, esos miedos estuvieron ahí. Al principio no los entendía, pero luego, según iba conociendo mujeres feministas, leyendo a mujeres feministas y actuando con mujeres feministas, logré entender qué pasaba. Y el miedo se convirtió en rabia. Aprendí a entender el malestar y a lidiar con ellos.

Pero había otros miedos que se entrelazaban con estos. Miedo a la policía, miedo al fascismo, miedo a la violencia, miedo a un mundo gris y triste. Estos fueron más fáciles de enfrentar. Me decía, cada vez que había un salto o un reparto de propaganda que a pesar del miedo, eso es lo que había que hacer. El miedo se enfrenta y te posiciona allí donde crees que debes estar.

Y la tristeza aflora a mis ojos porque las derrotas han sido muchas. En lo personal y en lo político. Me conmueve pensar en la gente que necesita y me entristece que una vez tras otra nos estafen con un mundo de colores que no existe y con unas palabras grandilocuentes carentes de significado.

¿Cómo enfrentar ahora el miedo al futuro y la tristeza de la derrota?

¿Cómo hacer que no oímos las cacerolas del odio? ¿Cómo no venirnos abajo con las demostraciones de desprecio, de aporafobia, de racismo, de desinterés, de olvido?

Y entonces, me pongo furiosa. Muy furiosa. Imperator Furiosa.

Y necesito manos, brazos, piernas, gargantas, cerebros, cuerpos en movimiento. Para arrancar lo que se nos debe, para avanzar en multitud hacia las amenazas, enfrentarlas y vencerlas.

¿Quiénes se han creído que son lxs que quieren decidir sobre nuestras vidas?

Una furia como fuego que se lleve por delante toda la podredumbre y la mezquindad, toda la miseria y la indiferencia.

Que acabe reduciendo a cenizas al capitalismo y que fulmine para siempre al patriarcado.

Esto puede ser un panfleto utópico, pero también es una llamada a la acción.

Y me conecta con la vida.

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