La vida privada y la vida pública

Idus de marzo

Querido diario:

Tengo mi casa llena de pancartas, octavillas restantes, sprays y plantillas, chapas y otros objetos que voy almacenando , testigos de mi ajetreada vida. Mi perro quiere jugar y yo no sé si dejarle y que haga limpieza por mí. Hoy estoy cansada y me pregunto si todo esto servirá para algo.

Supongo que es la depresión postparto del 8M. Querría que el clamor se escuchara ya, que las leyes se cambiaran, que el tejido social se tupiera, que cayera el bendito patriarcado antes de que nos muramos todas de agotamiento.

Y luego está el contraste entre mi vida con ellas y mi vida con mi perro y mis libros. Regreso de la sororidad, la lucha solidaria, la conferencia multitudinaria, la acción reivindicativa y no tengo a quién contárselo. Salvo a mí misma y al perro. La guerrera no se tiene más que a ella misma. Mi última pareja se cansó de mi no parar y no tengo tiempo de pensar en otra.

Porque para comer, tengo que trabajar. Para ser más sabia, tengo que formarme. Para vivir dignamente, tengo que ocuparme de la intendencia y la limpieza. Y tengo que cuidar a Fido. ¿Cuándo saco tiempo para enamorarme?

Tengo que volver a pedir drogas al médico de cabecera.

La activista

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