A veces hacer algo no lleva a nada

Pragmatismo Histórico

Richard Sennett es un veteranísimo sociólogo norteamericano que ha trabajado en el MIT, la London School of Economics, la universidad de Harvard y en la ONU. Con una extensa obra, hoy es uno de los principales teóricos actuales de las ciudades y ante todo se define como un consultor de planificaciones prácticas. En definitiva, uno de los maestros del pragmatismo norteamericano. Esa corriente que ha tratado de unir el análisis filosófico con la práctica concreta, la ciencia y la vida cotidiana. A estas alturas de su vida su único interés reside en concretar formas resolutivas de convivencia entre los diferentes, frente a las grandes teorías urbanísticas realizadas desde arriba por expertos iluminados.

Al presentar en Kosmopolis19 su nuevo libro “Construir y habitar. Ética para una ciudad’ ha afirmado: «Me interesa cómo las personas se mezclan y no creo que sea tan importante si mantienen o no un diálogo entre ellas. Se le ha dado demasiada importancia a la comunicación verbal y las comisiones de los organismos internacionales están llenas de declaraciones de intenciones un tanto huecas. Creo que es mucho mejor que varios colectivos vivan juntos físicamente, porque el cuerpo está diciendo algo mucho más claro que las palabras. Prefiero eso que la idea de que los ciudadanos deben vivir en entornos separados para evitar los problemas como propugna Trump» Por eso no le importa que, por ejemplo, en el Eixample barcelonés -que sigue exaltando como ejemplo de urbanismo humanista- donde reside una importante comunidad china, los catalanes no puedan hablar fácilmente con esos habitantes por el desconocimiento de la lengua.

Sennett cuestiona desde su mayoría de edad que organismos como la ONU centren esfuerzos en obligar a entablar diálogos para llegar a comprender al otro “cuando los esfuerzos deberían ir a obligar a convivir: el cuerpo es la clave para construir la ciudad; la clave de la comunicación en las urbes es lo que se hace, por más incompleto o ambiguo o complejo que sea lo que se hace” Propone localizar nuestra atención frente a la globalización porque el capitalismo hegemónico acaba imponiendo la misma ciudad que es como Shangai o Nueva York. La tecnología es su arma de estandarización. Y alerta contra la falta de compresión: “la causa de los alquileres altos está más, en muchos casos, en la pequeña burguesía de las ciudades que en las grandes corporaciones; la respuesta a eso no es destruyendo a Bill Gates”

A veces hacer algo no lleva a nada

Pero tanto a Sennett como al resto de humanos el tiempo se nos va disolviendo mientras pensamos en soluciones. El escritor portugués Goncalo Tavares, autor de una de las obras literarias más singulares de la actualidad, después de mostrar algunas de las metáforas universales que utilizó el cineasta ruso Andrei Tarkoski se refirió a los videos de Francis Alÿs para proclamar finalmente su oposición a considerar la metáfora como un esfuerzo inútil, una pérdida de tiempo, como parece concluir la inmediatez del discurso moderno. Frente a esto, Tavares y el escritor Enrique Vila-Matas, ensalzaron en Kosmopolis19 la figura del coleccionista, que se recluye para ordenar legajos en tiempos de desmoronamiento, el relato fragmentario que no tiene principio ni fin, las historias que como Viaggio in Italia de Rosselini empieza por el nudo sin anteponer el planteamiento, o las historias empezadas o que abandonamos antes de finalizar, como le gustaban a Godard.

 “A veces hacer algo no lleva a nada” Este fue el título de uno de los primeros videos que hizo Francis Alÿs en 1997 en México DF. Arquitecto belga que se quedó a vivir en México a finales de los años ochenta, a donde había acudido con una delegación de arquitectos para reconstruir las ciudades devastadas por el terremoto. Allí se convirtió en uno de los artistas más influyentes con sus videos y performances que ha exhibido en el MoMA o la Tate Modern Galery.

Tavares ejemplifico su comentario con el video en el que este artista empuja un bloque de hielo por las calles tórridas de sol del centro histórico del DF para ejemplificar el paradigma del trabajo de un artista.

En otro video, 500 voluntarios con palas se reunieron en una enorme duna de arena en las afueras de Lima, Perú, y en el transcurso de un día consiguieron moverla varias pulgadas.

“Esto fue durante los últimos meses de la dictadura de Fujimori. Lima estaba agitada por los enfrentamientos en las calles, la evidente tensión social y un movimiento de resistencia emergente. Esta era una situación desesperada que requería una respuesta épica: organizar una alegoría social para que se ajustara a las circunstancias parecía más apropiado que participar en un ejercicio escultórico «. A través de los esfuerzos colectivos más masivos se consiguió un cambio mínimo. Una alegoría social, aunque la acción fuera completamente efímera, porque al día siguiente, nadie pudo reconocer que la enorme duna de arena había sido movida. Las verdaderas consecuencias de su trabajo hay que encontrarlas en la metáfora y la imagen que irradian de esa realidad.

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