Querido diario, mientras arde Paris

(La verdulera)

He cogido el portante y nos hemos venido a Vega, a una humilde casa de campo donde se cultivan las verduras que luego voy a vender en mi tienda.
Hemos venido tres generaciones, mi hija, mi nieta y la gata Chica. Quizá sea esta la fórmula de mi jubilación. Cultivar aquello que durante toda mi vida me he dedicado a vender. Una vecina me dijo el otro día que la horticultura te reconcilia con la vida y la naturaleza y he venido a experimentarlo. Yo conozco lo que nace de la tierra. He vivido con mucho sacrificio de ofrecerlo a los demás. Es el modo en que he pasado mi vida. Eso como todo acaba decepcionando. Cultivarlo puede ser una forma de terapia contra la decepción. 
La gata es la que mejor se está adaptando a este viaje, aunque ella no sabe que Paris está ardiendo. Mañana volveremos al infierno.

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