2014-12-04-11-38-26

¿Hubiera sido distinta la revolución de los barbudos si hubieran sido barbudas? ¿O sería mejor que hubieran sido cuidadoras de ancianos o de infantes? ¿Son positivos  todos los valores femeninos? ¿y negativos los masculinos? ¿Quién decide cuáles son de cada quién?

Para evitar esas incertidumbres me parece mejor que los rasgos que incorporemos a la política (y a la vida) los decidamos entre hombres y mujeres por igual, pero que no vengan etiquetados. Intentar separarlos por femeninos y masculinos solo conduce a estereotipos más o menos bienintencionados ( o malintencionados ).

Lo que importa es que las mujeres puedan llegar en igualdad de condiciones  a los puestos de responsabilidad y decisión  de los partidos, las empresas, instituciones, cúpulas culturales … como cualquier otra persona. Si son buenas o malas en lo suyo, más o menos femeninas o masculinas, si aportan valores nuevos o no, es cosa aparte.

Hasta las mujeres tienen derecho a ser como Putin, Bush o Reagan…es decir  como Merkel o Tacher. Es algo que que solo debe decidir cada mujer.

Solo nos faltaba que para que a los líderes de  izquierda les parezca oportuno considerar   la paridad, las mujeres  tengan que aportar además de la valía que se les presupone ( en realidad a ellas casi nunca se les presupone) ,  no sé qué cosas muy femeninas.

Además, como esas cosas tan femeninas  se pueden aportar desde un discreto segundo plano, pues eso…que lo importante no es cuántas mujeres llegan a los puestos de decisión… sino  cuánto pueden influir a favor de lo femenino, incluso desde la invisibilidad.

Pues que se anden con ojo algunos líderes de la izquierda, porque la derecha no exigente tanto a sus mujeres. Ahí los tienes sacando pecho por haber tenido la primera mujer presidenta del congreso, del senado, alcaldesa, ministra…

Feminizar la política suena bien, pero en cuanto se trata de profundizar en esa idea, alejarse de  los estereotipos se vuelve muy, muy complicado. Incluso cuando ese ejercicio lo realizan mujeres feministas, muchas otras mujeres no conseguimos identificarnos con una determinada forma de entender lo femenino.

Yo no quiero que nadie me diga qué es ser mujer ni que para saberlo tenga que definir lo femenino como lo diferente, es decir tomando como referencia lo masculino.

En definitiva, no me interesa nada el debate identitario y mucho menos me parece que ese debate  deba salir a colación cuando se reclama una mayor presencia de las mujeres en los puestos de responsabilidad.

Un buen estratega debería darse cuenta de que suena a maniobra de distracción. La pregunta era , no lo olvidemos, ¿qué pasa  con la paridad que Podemos reivindicaba al comienzo de su andadura, cuando aún presumía de listas cremallera?