George Floyd y los otros muertos.

Las Ventas, Madrid. 31 de mayo

Hace casi un mes que no escribo en este blog. Desde que a primeros de mayo utilicé la película  Muerte en Venecia para lanzar un grito de dolor y de rabia sobre lo que estaba pasando en nuestro país (en realidad, en el mundo) con las personas mayores.

Y esa rabia me obliga a volver sobre el tema cuando EEUU arde a causa del asesinato racista de George Floyd.

Porque son dos caras de la misma y poliédrica moneda. La que despoja a unos seres humanos de sus derechos más elementales mientras niega a voz en grito estar haciéndolo. O  incluso cuando, como España, dice querer y proteger a los que de forma excluyente, paternalista e hipócrita  califica de “nuestros mayores”.

Pero esa contradicción, ese autoengaño no solo nos pasará factura como sociedad, como ya está ocurriendo en EEUU con el racismo. Aquí también habrá de pasar factura  a cada uno de nosotros de forma personal, porque esos mayores tan nuestros  son nuestros propios padres, nuestros abuelos y también nosotros mismos.

Y no va a salir gratis  haber justificado tantas muertes de seres humanos con la falacia del triaje, como si no hubiéramos tenido ocasión de aprender lo que pasa cuando se aplican  sistemas supuestamente iguales a quienes no son iguales de partida.

Los resultados de esos asépticos sistemas son los mismos que operan  en EEUU cuando se aplican a negros o hispanos. ¿Quién tiene más capacidad de superar el virus, un tipo negro obeso que no ha ido al médico en su vida o uno blanco bien alimentado al que nunca faltaron los cuidados médicos?, ¿quién tendrá más probabilidad de sobrevivir si se aplica a ambos  idénticos esfuerzos?,¿quién, si cuando llega la hora de la verdad, sólo hay un respirador disponible?

Porque nada de esto aséptico.

En EEUU millones de negros ( y de pobres, todo hay que decirlo) ni siquiera compiten por los respiradores porque no llegan a los hospitales ya que no los pueden pagar y en  España deliberadamente se corta el paso a los centros sanitarios a los mayores que provienen de residencias. Ni triaje ni puñetas, ¡hasta ahí podíamos llegar!

Allende el Átlantico se amañan las autopsias para tapar un asesinato racista y en España no se contabilizan los ancianos  muertos, porque para ellos no hay test ni autopsias. Se estima que hay 17.000 fallecidos sin contabilizar en las residencias… Mientras, América llora a su muerto.

          Minnesota se levanta y arde de rabia  por la muerte George Floyd; en Madrid, tras descubrir las instrucciones del gobierno autonómico para los enfermos de las residencias, nos vamos a tomar unas cervezas, que estar en casa ha sido duro.  

Deja un comentario