Conceptos que se han ido por el sumidero de la sociedad líquida.

El primero es MATERNAJE.

Las hoy denostadas feministas que empezamos nuestra andadura en los años 70 y 80, distinguíamos entre maternidad, la capacidad de gestar y parir hijos e hijas y los cuidados posteriores que permitían madurar a la cría del ser humano y hacerla autónoma. A estos cuidados los llamamos maternaje y no necesariamente han de ser asignados a la hembra de la especie, pudiendo ser compartidos con otras personas, desarrollados en comunidad, ejercidos de una manera cooperativa. Esto permite a las mujeres disponer de tiempo y no quedar prisionera del cuidado de las criaturas y poder ejercer otras actividades remuneradas o simplemente gratificantes.

Como se imaginará la lectora, tratábamos de desligar lo biológico de la construcción social patriarcal y lanzar un mensaje de colectivización de los cuidados.

Pues esto ya no es moderno.

El segundo es MANDATO DE GÉNERO.

Entendíamos que sobre la realidad material biológica de hembras y machos de la especie, se había construido un sistema de normas y mandatos que dividían la humanidad en dos paradigmas separados y jerarquizados. Se atribuía a las mujeres y a los hombres una serie de valores contrapuestos como el yin y el yang que incluso parecía encontrar diferencia en los cerebros masculino y femenino. Ese orden antinatural de las cosas es el Patriarcado . Rosa y azul, débil y fuerte, inteligencia y esfuerzo, oscuridad y luz, doméstico y público, palabra y silencio, modestia y arrogancia, valor e indefensión….. una larga lista de despropósitos atribuida a los sexos y que ponía una etiqueta de deseable y universal a lo masculino. Las feministas de la diferencia intentaron deconstruir las listas y propugnaron la contraría: los valores que preservan la vida son los femeninos, construyamos nuestro mundo al margen de sus normas. Las feministas de la igualdad propugnamos la abolición completa de dichas categorías y mandatos, de los géneros, pues creemos en una sociedad de personas libres e iguales.

Pues esto es tránsfobo.

El tercero es DIÁLOGO INTERCULTURAL.

Términos como tolerancia esconden la incomodidad que produce el encuentro con una cultura distinta a la de una. Puede ser en un intercambio Erasmus, en un viaje de trabajo, en la migración a otro país o continente, en la acogida de refugiadxs, en un viaje a Andalucía. Siempre se produce un choque cultural y emocional ligado a lo que sabemos y hemos experimentado, a nuestra identidad cultural que nos hace ver extraños los usos y costumbres de las otras personas. Si nos enrocamos en lo identitario, una posición acrítica con lo nuestro e hipercrítica con la de la otra y si a ello le sumamos la variante de disputa entre o en las clases, podemos caer en la xenofobia y el racismo. Las culturas no son inmutables. Las culturas minoritarias no son perfectas en sí mismas frente al colonialismo depredador. La relación entre culturas no ha de ser de aceptación total de lo diferente, sin cuestionamiento ni en defensa a ultranza de lo nuestro sin crítica. Yo establezco un diálogo con ella que me permite revisar lo mío y viceversa. De manera dialéctica y común llegamos a una síntesis desde la igualdad radical de todos los seres humanos. Ni pa tí, ni pa mí. Lo que nos hace sentirnos confortables es la noción de lo común que podamos encontrar en nuestro diálogo.

Pues esto es contrario a la diversidad tan aplaudida hoy en día y que es un paraguas que esconde la desigualdad.

Y hasta aquí por hoy. Hace mucho calor. Se llama verano.

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