A la vida hay que reconocerle la existencia.

Para Pilar Casabuena que me ha pedido una reflexión sobre la vida.

Las vidas humanas o animales, lejos de lo que proclama, no tienen igual valor en nuestras sociedades. ¿Quién merece conservar la vida, un anciano de 83 años viudo e hipertenso o una joven prometedora de 26 que toca el violín como los ángeles?. Si cualquiera de nosotras se viera en la tesitura de tener qué hacer triaje a las personas para concederles la oportunidad de vivir, ¿seríamos capaces de sustraernos a variable tales como la edad, la productividad , la posición social y económica, e incluso las pintas y la ideología supuesta o real?

Hoy he leído que el JEMER y quienes le rodean en la dura misión de defender España de no se sabe muy bien qué, presuntamente se han vacunado, les están investigando. Alcaldes, consejeros y señoras, jubilados gremiales, funcionarios….que consideran que sus vidas están por delante de todas las demás y que no se deben atener a los criterios de orden de vacunación y pasan por delante de ancianos, dependientes, sanitarias.

En la nevada encontraron bajo la nieve los cuerpos de dos personas que vivían en la calle. Esa ha sido la noticia. Escueta. Dos varones indigentes. Mala suerte. Nadie ha contado si tenían familia, o cualidades como la bondad o estudios de piano, o un divorcio desafortunado, hijos….nada, ni el nombre. No le importan a nadie, esa es la verdad.

Como tampoco importan las personas fuera de la burbuja social de la ciudadanía como tiene que ser. Me refiero no sólo a las familias chabolistas sin recursos, o quién está en situación de calle que no están lejos físicamente pero sí fuera de nuestro paradigma mental, también a quienes mueren literalmente por venir a vivir con nosotras y si lo consiguen les maltratamos, les despreciamos, les torturamos, les presuponemos malas intenciones, les llamamos sucios, ignorantes, les explotamos, les quemamos las infraviviendas por puro odio para al siguiente día seguir pagándoles un sueldo de miseria por unas condiciones de esclavitud.

De los que mueren en el mar no queda ni el rastro de un rostro, de un cuerpo, de una mirada de miedo. Se los comen los peces.

De los niños del Yemen, las mujeres y niñas afganas, las habitantes de Gaza, las personas que soportan la guerra en Siria, las encarceladas por un aborto espontaneo en Centroamérica, de las violadas y asesinadas de mil maneras horribles en Méjico, en Perú….de esas muchas veces no hablamos, se nos van olvidando, se pierden en la bruma de las pequeñas mierdas cotidianas: «¿qué putada no poder quedar en pandi para el cumpleaños de Jose?» «¡Quiero bailar y beber hasta perder el sentido, no hay derecho! «Me están robando meses de mi vida».

Mi vida, tan valiosa, la más valiosa junto con mi ombligo, mi ego, mi inhumanidad, mi indiferencia, mis deseos.

Os dejo con Pablo Milanés, cubano

La vida no vale nada, si no es para perecer
Porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama
La vida no vale nada, si yo me quedo sentado
Después que he visto y soñado que en todas partes me llaman

La vida no vale nada, cuando otros se están matando
Y yo sigo aquí cantando cual si no pasara nada
La vida no vale nada, si escucho un grito mortal
Y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga

La vida no vale nada, si ignoro que el asesino
Cogió por otro camino y prepara otra celada
La vida no vale nada, si se sorprende a otro hermano
Cuando supe de antemano lo que se le preparaba

La vida no vale nada, si cuatro caen por minuto
Y al final por el abuso se decide la jornada
La vida no vale nada, si tengo que posponer
Otro minuto de ser y morirme en una cama…

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