Traición

Cruzo el parque. Han segado la hierba y las gramíneas por lo que hay un espejismo de olor a campo. Me gustaba más con su aspecto asalvajado y lleno de espigas y florecillas amarillas. Pero los designios de los jardineros del ayuntamiento son inescrutables.

Me resulta doloroso pensar en lo alejadas que estamos las personas corrientes de la toma de decisiones políticas por nimias que estas sean. Todas corresponden a un plan en el que no participamos. No sabemos por qué hoy asfaltan mi calle, mañana cortan las plantas, pasado cierran un espacio común.

Madrid es demasiado grande para poder estar a todo pero existe el barrio, la Junta de Distrito, a través de la que deberíamos de tener voz en estos asuntos y otros. Hubo un tiempo donde se hizo un ensayo de participación. Hubo un tiempo.

Mi cabeza y mi cuerpo no soporta más desgobierno de esta derecha sin complejos, es decir, sin vergüenza, dispuesta a acabar con nuestra existencia, la del común quiero decir.

He sido apelada a votar el 4M para intentar desalojar a Ayuso del gobierno de la Comunidad. Quienes buscan mi voto son teóricamente los míos, los peronistas y la socialdemocracia por lo que no debería tener ninguna duda, es más, debería estar haciendo campaña. Pero estoy aquí, dolorida por la traición y pensando en círculo acerca de las posibilidades de escaquearme de este trago.

¿Cuál es la traición? La conversión de la izquierda al generismo queer por mor del abrazo envolvente que se ha dejado dar por el posmodernismo más abstruso.

Dicho así no se entiende. Expliquémoslo brevemente. Que están de acuerdo en borrar a las mujeres como sujeto del feminismo. Que dicen que hay que hablar de feminismos. Que no se oponen frontalmente a la prostitución y los vientres de alquiler. Que de repente el futuro de la clase obrera depende de que se apruebe la mal llamada ley trans. Que permiten y alientan que se nos insulte y se nos agreda. Que nos han vuelto a vender.

Pero si no les voto, seré culpable de que Ayuso se quede con el poder dos años más. En la encrucijada entre si es más importante la emancipación de las mujeres o la consolidación del trumpismo y el fascismo, de nuevo se me pide que aplace lo nuestro para mejor ocasión. Que hay que pensar que los míos serán mejores en el gobierno porque implementarán medidas que favorecerán a las trabajadoras. Que hay que tener visión estratégica.

O sea, lo de siempre. Yo te voto y te doy un cheque en blanco para que me la cueles cuando te venga mejor. Aunque seas un misógino inaguantable, un tibio y un blando ante los lobbies queer, estés pervirtiendo mi lucha y no te crea capaz de desprenderte de la caspa brilli-brilli que te salpica los hombros.

¡Qué decepción! ¡Qué sensación de desamparo! ¡No sé qué hacer!

Y encima no me han vacunado todavía.

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