Otra vez lo femenino

Agradezco a Julia López Giráldez tanto su comentario en este blog con el que no puedo estar más de acuerdo, como  el texto  que me hizo llegar a través de facebook en el que María Eugenia R. Palop explica lo que para muchas mujeres feministas significa feminizar la política y  cuya lectura recomiendo. Respecto a este artículo publicado en eldiario.es el 30 de noviembre y el contexto ( y polémica) en el que se publica  quiero hacer dos observaciones:

La primera es que no me parece inocente ( y en todo caso, me parece mal)  que se introduzca el tema identitario (muy teórico, bastante complejo y  que no concita unanimidades ni en el feminismo ni fuera de él ) cuando se reivindica la paridad, un concepto  claro y sencillo que, por el contrario,  concita consensos mucho más amplios:

Teniendo las mujeres  los mismos deberes y derechos que los hombres, debemos  ocupar en pie de igualdad el lugar paritario que nos corresponde  en los ámbitos de decisión, representatividad y poder de nuestra sociedad.   Una desviación tan acusada de esa igualdad como la que se da en la España actual ( por no hablar de otros países),  no permite dejar de adoptar medidas que equilibren una situación injusta y machista.

Se entiende fácilmente, ¿verdad?

Respecto a la segunda cuestión, la identitaria, debo decir que respeto el análisis que expone la compañera R. Palop y, de antemano, apoyo sus postulados referentes a una forma de concebir  la política más «humana».  Me encontrará a su lado para hacerlo si alguna vez la coyuntura es propicia.

Pero debo decir que todos esos valores que de forma un tanto forzada y esforzada  acaba por atribuir a lo femenino, me parece que solo, si acaso y no siempre, representaría  una parte de lo femenino, la que corresponde a lo más rescatable de la época más oscura de la opresión de las mujeres.

Puede ser que las mujeres obligadas a asumir papeles subordinados e  impuestos ( por no decir, obligadas a asumir la esclavitud), desarrollaran valores, aptitudes y cualidades rescatables para la política y la vida de hoy. Pero lo que no comparto en absoluto es que el fruto de esa opresión   sea lo que  se identifique como femenino.

Las mujeres de hoy,  incluida yo misma quepeino canas, no pertenecemos  a ese período tan oscuro de la esclavitud de las mujeres que si no morían a manos de sus parejas era tan solo porque no podían separarse de ellas ni abandonarlas porque ni siquiera teóricamente la ley las amparaba.

Pero mi madre y mi abuela sí pertenecieron a ese mundo, y  precisamente por eso,   se ocuparon de inculcarme otros valores que aseguraran que nunca tendría que vivir bajo el yugo que ellas tuvieron que soportar. A ellas les debo haber adoptado otros valores tan femeninos como los del cuidado y con los que me siento mucho más identificada: el orgullo, la insumisión,  la independencia, la rebeldía y el valor. (¿ o eran esos valores masculinos?)  Ah!  se me olvidaba:  y la absoluta determinación de ocupar el lugar que me corresponde en este mundo que  es mi mundo, sin delegar en hombre alguno el protagonismo que me corresponde y que considero intransferible.

Pero no dejo de admirar a las compañeras feministas que teorizan para rescatar los valores positivos que provienen de los tiempos oscuros, sin embargo tengo que pedirles   que no se apropien  del término femenino que, en todo caso, debería incluir también los valores de  nuevas generaciones de mujeres que gustan mirar al futuro.

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