Meditando sobre las acciones de Blocus en nuestro territorio, o más bien sobre el significado de una marca que se mueve por TikTok y Telegram a imitación de lo que ocurre en Francia, me he encontrado con un artículo de prensa titulado “Los agraviados”, de cuya lectura solo he sacado en claro que me resulta imposible saber si estoy o no estoy de acuerdo.
Me doy cuenta de que la autora del mismo trata de decir algo sobre el fenómeno huyendo del paternalismo habitual sin encontrar por ello otro enfoque que resulte esclarecedor.
La verdad es que yo tampoco lo tengo, pero tampoco me decido a condenar a estos grupos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad, que desde Paris a la Plaza de Cataluña se juntan a través de las redes para saquear comercios, quemar contenedores y generar el caos en las ciudades.
Lo cierto es que, lejos de las condenas bien pensantes habituales, que no es fácil escuchar opiniones sobre Blocus que no apelen a la cautela.
Personalmente, hace tan solo unas horas, yo misma habría, si no apoyado, sí al menos justificado los excesos de estos chicos bajo escusas como el contexto desolador de nuestras democracias y sus derivas autoritarias, la falta de perspectiva vital de las nuevas generaciones, un estado del bienestar que en Europa se precipita en caída libre y, por supuesto, teniendo en cuenta que, después de todo, estos grupos surgen al calor de un movimiento estudiantil en defensa de la enseñanza pública. La palabra “Blocus”, de hecho, surge de la consigna francesa de bloquear físicamente los institutos como forma de protesta de los conocidos como “Liceos indignados”.
Porque cómo no entender a esos chicos en el actual contexto europeo, incluso mundial, en el que reina un capitalismo debocado, sin freno ético de ninguna clase, mentiroso, autoritario, violento y empobrecedor de las clases medias y trabajadoras.
Cómo no pensar que, incluso sin saberlo, esos jóvenes rechazan un tipo de sociedad que no los tiene en cuenta para enfrentar al sistema de un modo radical.
Cómo no entender su violencia como respuesta a la de los policías que los asedian en sus manifestaciones legales, en los barrios o los centros de formación.
Cómo no interpretar sus asaltos a joyerías y otros establecimientos de productos caros como una rebeldía que apunta al corazón mismo del problema: El poder de los ricos y su maldita avidez por el dinero.
Pero lo cierto es, en realidad, que no sabemos qué pretenden y no lo sabemos porque parecen actuar sin ideología y sin importarles las consecuencias… como tampoco les importa la utilización que las derechas puedan hacer de un fenómeno que, sin embargo y a la vista de todos, no dejan hipócritamente de alentar.
De hecho, ni las formas de los seguidores de Blocus ni su estética de videojuego ni su ausencia de reivindicaciones permiten saber a qué atenernos.
¿Porque se trata tan solo de una especie de diversión excitante que invita a los grupos de las redes a no perderse nada?, ¿se trata de ese famoso “FOMO”que mueve a muchos jóvenes a estar presentes allí donde ocurra algo que merezca la pena ser experimentado?
¿O será un fenómeno similar al de las batallas campales que involucran a los hinchas de fútbol en peleas contra el rival o la policía, con auténticas guerras callejeras violentas, gratuitas, masculinas y machistas?
¿Incluso no es posible que su rebeldía apunte tan solo hacía un enfrentamiento gratuito contra la autoridad para imponer un caos para el que no hay ningún proyecto posterior, o incluso que se trate de grupos juveniles manejados desde las redes por intereses ocultos con objetivos políticos o geopolíticos.
No lo sabemos. Pero si bien parece que su impulso inicial no se debe a ningún agente externo, lo cierto es que se observan cada vez más concomitancias con las derechas; no en vano en época de impaciencias golpistas o de citas electorales como en Serbia, Brasil, EEUU, España o Francia, la derecha, hoy global, gusta de crear el caos para poder presentarse ante unas sociedades amedrentadas como única capaz de garantizar la ley y el orden.
Pero decía que hasta ayer mismo yo habría tratado de justificar y comprender a estos grupos de indignados, pero acabo de conocer las detenciones de varios jóvenes neonazis a raíz de unas actuaciones violentas en Oviedo que, si bien nada tienen que ver con las de Barcelona, presentan elementos en común como, por ejemplo, que se trata de jóvenes, hombres en su inmensa mayoría, que aparecen vestidos de negro, utilizan la violencia sin nada que lo justifique y actúan arropados por el grupo.
Así que me temo que yo tampoco puedo arrojar mucha luz sobre estos fenómenos aunque quiero suponer, quizá por ese paternalismo que yo también me proponía evitar, que a diferencia de los neonazis que hacen un alarde irritante de una ideología que nos remite a lo peor de la historia reciente, la falta de reivindicaciones de Blocus se debe a encontrarse en un estadio precoz de una evolución que apunta a un futuro mejor y que, tal vez más adelante, un buena parte de esos chicos que hoy se adhieren a la etiqueta francesa tengan mucho que ofrecer.
Supongo, quiero suponer, que necesitan tiempo para madurar y nosotros, los simples observadores, tiempo para comprender.
Unas/os los hacen por rebelarse ante un sistema hiperconsumista, otras/os por no quedarse atrás, habrá alguna/o que ssebunabpoe el simple vicio d vrobar.bynotras/os que están colgadas/osby van a dejar nde vanla corriente
Y si, algunos neonazis ynultrad rechostas azuzando. Y creían q el miércoles ltimillonario de atrimp iba a durar siempre y les han ba a hacernrocñas/os