Cuando escribí mi último artículo en este blog hace unos meses, me hacía algunas preguntas (entonces sin respuesta para mí) sobre el significado económico y político de la irrupción de Donald Trump en el mundo. En aquel momento me centraba en las contradicciones entre sus prometidas medidas autárquicas y su cercanía con los gigantes tecnológicos, teóricos defensores de la globalización como Elon Musk, Jeff Bezos y otros. Por entonces, ni el payaso naranja había roto con su amigo mil millonario ni había anunciado a bombo y platillo los aranceles que pretendía imponer al mundo.
Lo cierto es que meses después de aquellas preguntas parece irse extendiendo un consenso que responde con creces a aquellas dudas: la llegada de Donald Trump al poder es un fenómeno netamente fascista y filonazi, tanto a nivel interno como en relación con el orden internacional. Por otra parte, se sustenta en un capitalismo que puede calificarse de salvaje por regirse explícitamente por la ley del más fuerte, siendo, a la vez y según convenga, neoliberal pro-globalización o proteccionista.
Se trata de una suerte de sistema político y económico atrápalo todo, capaz de defender una postura y la contraria (democracia para Venezuela a la vez que apuntala su régimen autoritario; apoyo a la libertad de manifestación en Irán y represión violenta en Minnesota…) para hacerse con el control del mundo en el interior y el exterior, incluyendo la ilegalidad, el chantaje, la coerción, la amenaza y la fuerza.
Pero constatado el diagnóstico más extendido a día de hoy, quisiera añadir una modesta reflexión sobre el descomunal asombro que todo esto está produciendo en el mundo, tanto en el bando de los demócratas como en los que defienden otros regímenes. Porque creo que hay una incongruencia de base en los aspavientos del mundo entero frente a las ocurrencias de Trump que, por otro lado, lo que hacen es anunciar sin tapujos sus actos y revelar con la misma claridad sus intenciones.
Porque parece que esos aspavientos, asombros e incredulidades no provienen tanto del contenido de sus actos, similar en muchas cosas a los de otras épocas, sino de su coherencia (relativa, claro) a la hora de aplicar con toda su crudeza políticas previamente anunciadas.
Y es que el mundo estaba acostumbrado a desenvolverse en una disonancia perpetua.
Estaba por un lado lo que se decía defender en cuanto a valores, derechos y “estilos de vida”; las leyes que se decía respetar plasmadas en constituciones, códigos, tratados, acuerdo y normas varias y, por otro, los actos; las acciones que los políticos acababan concretando.
De hecho, y por poner un ejemplo, La CIA , el FBI y otras agencias norteamericanas y su secretismo legal existían precisamente para disimular esas contradicciones, disonancias o mentiras. Parecido a lo que ocurría con la OTAN, la ONU y diversos tratados, organismos y tribunales internacionales.
Durante lustros han coexistido dos realidades contrapuestas a las que permitíamos convivir, siendo como eran incompatibles.
Porque recordemos que mucho antes que Trump, EEUU ya dictaba su ley en América Latina de forma implacable (como en otras partes del mundo) sin perder por ello su credibilidad como una de las democracias más consolidadas del mundo. Y sin que “nuestro modo de vida tal como lo conocemos” se pusiera en cuestión.
¿Que un gobierno de un país soberano se oponía a los intereses de una Compañía frutera norteamericana?…pues se derrocaba al gobierno legítimo y listo (Guatemala y el gobierno de Arbenz, 1954).
¿Que se quería eliminar a un socialista como Salvador Allende elegido Presidente por los ciudadanos de su país?…pues se encargaba el trabajo a la CIA, aunque costara miles de vidas de demócratas inocentes y a correr ( Chile 1973).
¿Que se pretendía mantener el control sobre un canal de enorme interés estratégico y comercial situado en otro país?…pues se daba un golpe de Estado y aquí no ha pasado nada. (Panamá, 1989)
¿Que había que acabar con Sadam Husein?…se fabricaba el bulo sobre las armas de destrucción masiva con pruebas falsas (Irak 2003). Y el mundo tragaba.
¿Que Afganistán ya no interesaba en 2021?…se abandonaba a su suerte (la esclavitud y la muerte) a quienes antes aseguraron ir a defender.
Y listo.
Luego se hacían películas de denuncia o se publicaban informes periodísticos o libros de investigación bien documentados que todo el mundo conocía o podía conocer, pero nada de eso desestabilizaba nuestro mundo occidental.
Tampoco las socialdemocracias y sus aspiraciones a un estado del bienestar para todos tenían posibilidades de superar las barreras impuestas en sordina por unos poderes fácticos perfectamente amparados por los medios de comunicación y las cloacas del estado que fabricaban pruebas falsas a diestro y siniestro para debilitar o hacer desaparecer, también, al resto de la izquierda.
Y todo eso porque ya éramos capaces de convivir con la mentira.
Porque habíamos aprendido a respirar con ella, que para eso veníamos haciéndolo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y nos habíamos acostumbrado década a década a los vaivenes del desorden capitalista expansivo y neoliberal.
Y en esto aparecieron las redes sociales con su potencial para democratizar la comunicación del que solo supo sacar partido la derecha.
Y tanto partido sacó que fue capaz de sostener la supremacía de la mentira sobre todo lo demás, poniendo en cuestión la posibilidad de que existieran los hechos, la información contrastada y la verdad misma.
Y con la falsedad por bandera recorriendo el mundo, llegó el populismo basado en el desencanto de los que no encontraron acomodo en la globalización, llegó el Brexit y llegó Trump en un tándem anglosajón que recuerda al de la contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan de los años 80 del siglo pasado.
Se había impuesto la era de la posverdad. Y con ella se extendió el negacionismo climático, los antivacunas y aquello de que las elecciones de 2020 en EEUU habían sido fraudulentas y se debía tomar el Capitolio.
Pero entonces gobernó el demócrata Biden quien durante cuatro años trató de devolvernos a lo de antes, sin ser capaz de revertir ni uno solo de los problemas que asolaban a la democracia del país del que era Presidente.
Los bulos siguieron reinando en unas redes sin control en manos de la nueva casta de multimillonarios; Trump fue capaz de sobrevivir a todos los intentos de procesamiento; se perdieron las batallas de la judicatura; persistieron los problemas económicos y el propio Biden y su camarilla presidencial, sin el menor rastro de honorabilidad, se aferraron al poder hasta el último momento, cuando el tiempo se había acabado.
En el exterior, el anciano presidente como todos sus predecesores también jugó sucio favoreciendo la invasión de Ucrania por Rusia para obtener beneficios económicos y estratégicos. Y lo hizo con chantajes de todo tipo, dentro y fuera de la OTAN y la UE para que sus socios gastaran en dólares sus abultadas cuentas de gas y armamento que él les obligaba a necesitar. En cuanto a Israel, a duras penas fue capaz de disimular su papel decisivo en la perpetración del genocido de Gaza y la falsedad de sus intentos de paz.
Y como colofón, Trump volvió a ganar.
Pero esta vez, para asombro del mundo entero, el nuevo mandatario nos dio a conocer sus ambiciones y deseos sin filtros, sin mentiras, sin esconderse; así conocimos la intención de hacer de Gaza un resort, de quedarse con Groenlandia, de gobernar en Venezuela y robar su petróleo, de constituir una ONU a su medida y todo lo demás que los lectores conocen de sobra.
Y eso produce asombro, es cierto. Pero no debería.
No debería porque solo estamos asistiendo a la descarnada verdad ( porque no, esto no es un bulo) de que Trump pretende trasmutar la democracia de su país en un régimen autoritario y que, para eso, resulta bastante conveniente, tal vez imprescindible, que cada vez menos países del mundo mantengan la democracia como forma política. De ahí el apoyo de su Administración al triunfo de la extrema derecha en cualquier país donde EEUU tenga la oportunidad de influir, por las buenas o por las malas, comparando a los electores, mediante la extorsión…o como tenga que ser.
Todo ello cosas que, al fin y al cabo, no son tan diferentes de lo que EEUU ha venido haciendo a lo largo de décadas.
Por eso, visto lo visto, solo cabe preguntar a los líderes que se escandalizan porque el rey está desnudo si tienen pensado seguir estupefactos e inmóviles como si nunca hubieran oído hablar del fascismo, como si Hitler nunca hubiera existido o si están dispuestos a abrir un libro de historia y mirar de frente la verdad por una vez en su vida.
Tal vez haya que darles un empujoncito en las calles para que lo hagan.
La verdad dicha alta y Clara !
Muy interesante este recordatorio de las diferentes actuaciones anti democráticas lideradas por USA en otros países
Ahora Trump lo dice sin tapujos y nos escandalizamos pero no es suficiente !
El autoritarismo no se puede permitir de ninguna manera! Cualquier resquicio es un atropello a la libertad
Y antes de que nos acallen salgamos a la calle !
Según parece en EEUU se está saliendo a la calle y no solo en las conocidas manifestaciones de Minnesota sino también como fruto de la indignación de los pueblos originarios y los movimientos antirracistas. Pero la UE sigue dormida. Y tampoco es una gran sorpresa ya que en la mayoría de los países gobierna la derecha o la extrema derecha. Va a ser difícil superar esta coyuntura tan adversa.
Apoyado por los supremacistas
Sin duda.